UNA VEZ AL AÑO
Solo viajábamos una vez al año durante las
vacaciones de verano, que era cuando papá se tomaba unos días de descanso en el
trabajo. Mamá, papá, mi hermana, la abuela y yo íbamos en un solo coche, cuyo
maletero iba cargado con maletas llenas de ropa, sábanas y toallas que
usaríamos durante dos semanas.
Marina y yo ocupábamos los asientos traseros
junto a las ventanillas del coche y sacábamos la mano por la ventana. EL juego
consistía en resistir los embates del viento y perdía aquella cuya muñeca
flaqueara, aunque fuera un segundo.
Era un viaje largo. Pasábamos más de siete horas
dentro del coche y solo hacíamos una parada a mitad de camino para comer un
bocadillo y después continuar el viaje.
Durante quince días, Marina y yo corríamos por la
playa y nadábamos en el mar bajo la atenta mirada de nuestros padres y de la
abuela. Comíamos los productos de la zona, la fruta y la verdura de temporada y
algunas noches íbamos al paseo marítimo y tomábamos un helado en una de las
heladerías artesanales. Mamá nunca descansaba. Era quien se encargaba de que
los bañadores y las toallas estuvieran secas para el día siguiente, de preparar
las comidas y de que durmiéramos en sábanas limpias. La abuela nos regañaba cuando
hacíamos ruido a la hora de la siesta y papá descansaba casi todo el tiempo
para retomar el trabajo en pocos días.
No teníamos mucho. Yo era la pequeña y heredaba
la ropa y los libros de texto de mi hermana. Mamá hacía trapos con las sábanas
viejas, la abuela tejía gorros, bufandas y jerséis para el invierno y papá se
encargaba de llevar las botellas vacías de refrescos, que solo tomábamos los
domingos, a la bodega para que nos devolvieran el dinero o nos lo descontaran
de una nueva compra. Marina y yo cambiábamos los comics en una tienda que había
al lado de casa una vez por semana. Pero éramos felices.
Ahora, cuando viaje en coche, bajo la ventanilla
y saco la mano por la ventana intentando recuperar las sensaciones de aquellos
días felices. Resulta imposible no mirar el pasado con añoranza y pensar en las
personas que ya no están. Pero los recuerdos se quedan y nos acompañan durante
el resto de nuestra vida. Somos parte del pasado y el pasado siempre formará
parte de nosotros.
#viajessostenibles
Comentarios
Publicar un comentario