LAS MAGDALENAS SON AHORA DE ERREJÓN
Dicen que, desgraciadamente, todo es susceptible de empeorar y eso es lo que ha pasado en Madrid. La derecha azul, la derecha roja y la derecha verde se reparten el poder ante una oposición que ni está ni se la espera, Carmena se va a disfrutar de su jubilación y nos deja a los niños para que los echemos un ojo de vez en cuando.
El problema es que el proyecto de Carmena, especialmente en la última etapa, fue tan personalista que ahora no podemos citar ni a uno solo de los concejales que deja atrás. Había algunos nombres conocidos, pero después de la criba no quedó ninguno aparte de Rita Maestre y... Rita Maestre. Dudo que la gente normal y corriente que no se dedica al periodismo y a quien la política le importa más bien poco conozca a Marta Higueras o a Luis Cueto, por poner solo un par de ejemplos.
En el Ayuntamiento, con la marcha de Carmena, se quedan huérfanos. Íñigo acabó con Ahora Madrid con ayuda de Carmena y no solo lastró los resultados de ella, a quien muchos percibieron como contraria a Podemos y a Pablo Iglesias, sino que acabó también con un proyecto que ilusionó a una gran parte de los madrileños por primera vez en mucho tiempo.
La división interna y un proyecto que comenzó siendo fuerte, ambicioso y diverso, y se convirtió en un proyecto tibio, cobarde y personalista, acabó decepcionando a la gente. Errejón se acercó a Carmena, se pegó a ella a sabiendas de que era la única manera de acercarse a tocar el cielo, pero no pensó que para lograr tal hazaña necesitaba a todo el mundo para alzarle. El voto útil, y con la nariz tapada en muchos casos, convenció solo a una parte y fue insuficiente para seguir adelante.
No todo el mundo puede liderar un proyecto. Para ser líder se necesita carisma, tener capacidad de convencer y de influir en los demás. Errejón se subió al carro de Pablo primero y al de Carmena después, aprovechó la popularidad de ambos para obtener la suya propia. Pero mucho me temo que no es suficiente con que te conozcan, también es necesario que los demás te admiren y confíen en ti. Que te crean, Íñigo. Y es imposible creer en alguien que ha traicionado tantas veces a quienes le dieron su confianza.
Ahora toca afrontar los próximos cuatro años y hacer oposición para que cada uno de los votos obtenidos cuenten. Sin embargo, la experiencia acumulada durante estos años se ha quedado por el camino por las ansias de poder de unos y el no dejar hacer de otros.
Más Madrid no es Ahora Madrid. Nunca lo ha sido. Aquel proyecto que nos llenó de ilusión, en el que vimos la posibilidad de cambiar las cosas, fue mutando progresivamente hasta desaparecer. Solo puedo agradecer que le cambiaran el nombre porque haberlo mantenido solo habría sido una decepción más.
Ahora Errejón y los concejales que Carmena deja atrás tendrán que aprender a hacer magdalenas. Aunque yo apuesto porque acabarán rebautizándolas como muffins y acabaremos todos con empacho, con sobrepeso y, por tanto, mucho menos ágiles.
Todo sea por alcanzar el cielo, pese a que la contaminación ni siquiera nos permita verlo. De Madrid al cielo, dicen, y Errejón se lo tomó demasiado en serio.
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