ERREJÓN Y LA TRANSVERSALIDAD
Lo de Errejón y Más Madrid me recuerda mucho a "el empleado infiel", ese trabajador por cuenta ajena que un día se desvincula de la empresa, monta una nueva e intenta hacerse con la cartera de clientes de su antiguo jefe porque cree es el alma de la empresa y que los clientes le seguirán allá donde vaya.
A Errejón le salió mal la operación Jaque Pastor y volvió a intentarlo en Vistalegre II, esta vez compitiendo cara a cara con Pablo Iglesias. Pero las bases no eligieron su proyecto y aunque pidieron unidad, Íñigo quedó relegado a un papel secundario.
Durante un tiempo pareció reinar la calma. Y digo pareció porque cualquier madre o padre de un niño revoltoso sabe que cuando deja a su hijo unos pocos segundos solo en su habitación, algo no va bien si lo único que escucha es silencio. Pero Errejón tenía un nuevo encargo al que se prestó sin objeciones: ser cabeza de lista en las elecciones a la Comunidad de Madrid en mayo de 2019. Para ello contaba con el apoyo de su partido y de las bases que le habían votado. Podría haber aceptado el reto, incluso haciendo tándem con Manuela Carmena, pero para él no era suficiente. Mientras que en su partido le habían apartado, la prensa le aupaba por su buen talante y los políticos de la oposición le elogiaban y hablaban de él como una persona dialogante y con la que se podía llegar a acuerdos.
Y es en este punto en el que surge la estrategia del empleado infiel, en la que enreda a Manuela Carmena, para desvincularse definitivamente de Podemos.
¿Qué podía salir mal?
Probablemente, si le preguntáramos a él respondería que aquel fue un plan perfecto y que le avala haber conseguido un mayor número de votos que Podemos. De eso se trataba, de sacar músculo frente a un Podemos a la baja y auparse como el líder de esa nueva izquierda a quienes sus excompañeros de filas y los inscritos nunca supieron valorar en su justa medida. Ser el primero, no el segundo. Además, él tenía un proyecto "transversal", que buscaba atraer no solo al electorado de Podemos, sino a toda aquella gente que destacaba su buen talante frente a un Pablo Iglesias áspero, directo y con el ceño fruncido.
El problema es que los que hablaban bien de él nunca pretendieron votarle. El motivo por el que obtuvo votos de Podemos no fue su altura moral y su discurso transversal. Por una parte, el electorado de Podemos, cuyos inscritos ya le habían votado en unas primarias, hizo un ejercicio de responsabilidad, algunos con la nariz tapada, porque entendieron que era la única manera de intentar poner freno al trifachito. Por otra parte, Podemos e Izquierda Unida apenas tuvieron tiempo para recuperarse del golpe y presentar una candidatura propia. Se equivoca Errejón si cree que esos votos fueron algo más que un préstamo en un momento de enorme incertidumbre y con la amenaza de la extrema derecha pendiendo sobre nuestras cabezas. Basta con mirar sus publicaciones en las RRSS para darse cuenta de que sus detractores son más numerosos que quienes le apoyan, o contar el número de veces que la palabra traidor aparece en esos comentarios. Dice un refrán que a río revuelto ganancia de pescadores. Es una pena que Íñigo, que se declara ecologista, no tuviera en cuenta que cada vez hay más plástico en el mar y menos peces.
Lo transversal es hacer un discurso en el que el feminismo, la ecología o la justicia social impregnen todas y cada una de las medidas de un programa. Porque las necesidades de los que más tienen no son las mismas que las de los que menos tienen. Unos se encuentran en la base de la pirámide de Maslow, buscando comida en los contenedores o luchando para que un banco no les eche de su hogar, mientras que otros hace tiempo que confunden sus necesidades con deseos y acumulan coches de alta gama en el garaje
Errejón me recuerda a esas personas que nunca hablan mal de otras y aparecen ante los demás como un dechado de virtudes, pero que envenenan a quienes están a su alrededor para que sean ellos quienes hagan el trabajo sucio. Lo hemos escuchado y lo hemos leído. Por una parte, la prensa que jamás votaría a la izquierda le regaló los oídos a Íñigo para atizar a Pablo. Por otra, los palmeros del primero han escrito hasta la saciedad sobre sus bondades y pintado a un Pablo Iglesias como soberbio y autoritario.
Ya lo hemos visto otras veces: la prensa aplaudiendo un pacto entre el PSOE y Ciudadanos o la abstención del PSOE para que el PP pudiera gobernar. Entonces el diablo era Pedro Sánchez enrocado en el "no es no" y confesándole a Jordi Évole las presiones que había recibido por parte de los poderosos. Con lo listo que es Errejón, es una pena que no supiera medir mejor las consecuencias de su estrategia y que nadie del entorno de Carmena le saliera al paso para intentar frenarle. Probablemente ahora no tendríamos trifachito en Madrid, Podemos estaría menos roto y habría ganado la ciudadanía.
Uno se mira el ombligo y a veces olvida que una vez hubo en ese lugar un cordón umbilical que le mantuvo con vida. Si Pablo Iglesias no existiera, Íñigo no existiría. Si Manuela Carmena no hubiera existido, Errejón habría dejado de existir hace tiempo. En la vida se puede ser útil y generoso o ser un parásito. Tanto el parásito como el traidor acaban sucumbiendo. El problema es que esto suele suceder cuando el daño está hecho y es irreversible. El mar está lleno de plásticos y ya no hay peces.
Épico! Saludos desde México, el progresismo popular, al poder!
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